Susanne Eman quiere ser la mujer más gorda del mundo y alcanzar un día los 361 kilos. Desayuna seis huevos con mantequilla, cuatro patatas, batidos, dos litros de refresco y tres sándwiches de jamón y queso.
Su meta es demostrar a todos que se puede aumentar de peso y ser «saludable». No piensan lo mismo sus médicos, que deben controlarle constantemente el azúcar en la sangre y los niveles de oxígeno y la presión arterial. A pesar de sus advertencias, no pueden obligarla a adelgazar contra su voluntad ya que es una persona adulta. «Realmente es como jugar a la ruleta rusa con su vida. Hay diversas complicaciones asociadas con la obesidad mórbida», le advierten en vano.
fuente:minutodigital.com
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